31.7.07

Fimucité'07

Con una organización escrupulosamente impecable, una atención por parte de los responsables del todo encomiable y un excelente ambiente se desarrolló la primera edición de Fimucité, el primer Festival de Música de Cine de Tenerife, que ha sacado adelante -no sin gran esfuerzo- Diego Navarro.

La cercanía con los eventos de Madrid y Úbeda fue objeto de un editorial en este mismo blog al que me remito, y cuyos postulados sostengo. Tener tres congresos seguidos en España es plato tentador pero peligroso. En todo caso, Tenerife es poco accesible -por los elevados precios del transporte- para muchos aficionados de la Península (y de fuera de ella)- y se ha apoyado en la aceptación de los propios insulares.

Y la aceptación -fuera de los conciertos- ha sido por desgracia prácticamente nula: las diversas conferencias y charlas no reunieron a más de un par o tres de docenas de asistentes, dando lugar a un auditorio prácticamente vacío en esas sesiones (que, por otra parte, estaban programadas en buen horario de tardes). Teniendo presente que este Festival no ha tenido congresistas (esto es, no ha habido que pagar para asistir a esas charlas) la organización deberá redoblar esfuerzos por atraer a más gente (una buena opción, que sugiero, es implicar a la Universidad de La Laguna).

De las charlas tan solo pude asistir a la mesa redonda de productores y a la de Mychael Danna -muy interesantes ambas-, así como a una divertida mesa con todos los compositores.

(Foto: Mychael Danna, Sean Callery, Ángel Illarramendi, Diego Navarro y Don Davis)

El plato fuerte del Festival fueron, claro, los dos conciertos. El primero de ellos corrió a cargo de Mychael Danna y Sean Callery (en la primera parte) y de Ángel Illarramendi (en la segunda). Danna repasó títulos como La boda del Monzón o Conociendo a Julia, pero su parte del concierto resultó algo breve, al menos para quienes saboreamos el buen gusto y refinamiento de su música. Algo más extensa fue la parte de Callery, con coros y arreglos para orquesta, que dirigió suites de 24 y de un videojuego sobre James Bond, entre otras piezas que resultaron deliciosas.

La estrella de la noche fue, sin duda, Ángel Illarramendi. Su extenso repertorio sonó en todo su esplendor con orquesta sinfónica y un generoso grupo coral. Repasó, entre otras, Una estación de paso, El último viaje de Robert Rylands, Yoyes, El hijo de la novia, Tiempo de tormenta, Buen viaje, Excelencia y levantó ovaciones con la apoteósica Los Borgia (¿alguien en su sano juicio puede explicar cómo no le nominaron a los Goya?) y con la bellísima Teresa, el cuerpo de Cristo.

Fue uno de los conciertos más emocionantes de cuantos he asistido y mi emoción -sin duda influida por el afecto personal que le tengo a Illa- fue plenamente compartida: el compositor -que rompió una batuta durante su apasionada dirección- no paró de recibir entusiastas felicitaciones de sus colegas americanos y, particularmente, de sus esposas, que literalmente expresaron su alucinación (¿y este es el hombre con el que nos hemos paseado estos días?. ¡Cómo podíamos imaginar que era tan bueno!). También Robert Townson (Varèse) se rindió a los encantos musicales del gran Ángel, quien repartió cd's suyos que fueron recibidos como si fueran regalos de Reyes por parte de todos ellos (y, además, le pidieron -casi exigieron- que se los dedicase).


(Foto: un encendido admirador con Ángel Illarramendi. Detrás, a la derecha, Mychael Danna)

Un triunfo clamoroso y bien merecido. Una razón de peso para agradecerle a Fimucité el haberle regalado a Ángel una orquesta sinfónica y unos coros apabullantes. Y una orquesta, la Tenerife Film Music Orquestra, absolutamente excelente.

Al día siguiente tuvo lugar el segundo concierto. La primera parte a cargo de Diego Navarro y la segunda con Don Davis al frente de la orquesta. Navarro no preparó suite de sus obras (el filme de animación Puerta del tiempo, un documental títulado Mira la Luna, sobre unos astronautas norteamericanos y Oscar, el color del destino, filme de próximo estreno), y su parte del concierto se resintió seriamente a causa de ello: resultó ser demasiado fragmentado y por momentos cansino. El compositor pecó por sus excesos, por querer abarcarlo todo, por querer demostrar lo que no necesitaba demostrar (y esto es que es un compositor excelentemente formado y cualificado). Pero fue demasiado largo, demasiado despiezado y acabó cansando incluso a miembros de la orquesta, según me confesaron más tarde algunos de ellos.
La segunda parte se dedicó a Matrix y Don Davis puso todo su empeño en que sonara alto, grande y fuerte. Lo consiguió a base de llenar de adrenalina la sala del concierto. Fue una suite intensa, grandilocuente y por momentos de gran vitalidad, con la orquesta y los coros entregados a la causa matrixiana. Luego tuvo lugar un cóctel donde todos nos reunimos y departimos. Callery y Davis, mandando en todo momento abrazos para Úbeda. Danna, deseoso de pisar Andalucía. Si no nos lo secuestran y si la Organización quiere, lo tendremos el próximo año.

Y el próximo año parece confirmado que tendremos un Fimucité 2. Así sea.

Mi agradecimiento sincero a Manuel, a Diego -y a sus respectivas mujeres- a Pedro y a Vanessa por la exquista atención prestada.