5.8.07

Apoyo a los nuevos valores

Hace unos meses, mi amigo David Doncel -y el resto de la extensa Organización del Congreso de Úbeda- me invitaron a participar activamente en el evento, y me asignaron la responsabilidad de organizar los premios Jerry Goldsmith. Lo acepté entusiasmado, pues consideré que el trato que habían recibido los nominados de la primera edición había sido muy deficiente (tan solo se leyeron sus nombres en una gala acaparada por la viuda del legendario compositor). Era una buena ocasión para cambiar algunas cosas.

A la convocatoria se presentaron muchos proyectos de todas partes del mundo. Un primer jurado hizo la selección de los nominados y un segundo votó a los ganadores. Este segundo jurado estuvo integrado por miembros de la Organización (yo, Doncel, su compañera Inma -un puntal incansable-, Rubén Franco y Sergio Hardasmal), aficionados (Carlos Alfayate, Dion Baillargeon, Miguel Cívica, Miguel Casares, Tomás Luchorno), compositores (Christopher Slaski, Marc Vaíllo, Sergi Ramis, Oscar Xiberta -que ganó en la primera edición-), un crítico de cine (Fausto Fernández) y un autor teatral y cinematográfico (Albert Espinosa). El sistema de votación no fue elegir el favorito sino asignar puntos a todos los nominados.

A partir de esto, todo lo que se hiciese iría encaminado hacia una gala en la que los compositores serían homenajeados: sus trabajos fueron presentados en este blog, se les promocionó en el boletín de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España (foto izquierda), se editó un cd promocional que sería entregado al finalizar la gala y se preparó, claro, una ceremonia de entrega en la que se pudiesen ver fragmentos de sus creaciones. Todo ello, con el propósito de hacerles sentir protagonistas y mostrarles respeto y consideración.

El Diablo rondó por Úbeda y, cinco minutos antes, un problema técnico a punto estuvo de finiquitar esa fiesta final, la ceremonia. Afortunadamente, el espíritu de Úbeda se impuso y los compositores tuvieron su gala.

¿Valió la pena?. Para los protagonistas, es claro. Para los compositores invitados (John Debney, Bruce Broughton o Pascal Gaigne) también. Para muchos de los asistentes, desde luego. Aún así, ha habido algunas voces críticas: para Juan Ángel Sáiz estos compositores no se merecen una gala de homenaje (Lo que no despierta mi interés es la gala, que para mi no resulta atractiva ni interesante, en su blog). Joan Padrol, por su parte, se quejaba por los correderos de que estos premios fueran a parar a manos extranjeras (de los tres otorgados, uno fue para el británico Joseph Fox y otro para el alemán Christoph Zirngibl, quien además se llevó el II Jerry Goldsmith).

Poco tengo que comentar sobre la desfasada queja de Padrol (y más cuando viene de quien, de un modo poco elegante, reprochó públicamente a Pascal Gaigne el estar quitándole trabajo a los compositores españoles... en plena Unión Europea, en pleno siglo XXI y con Alberto Iglesias triunfando en el extranjero). Frikismos aparte, lo cierto es que se constata que los jóvenes compositores, los que quieren encontrar su propio espacio en el medio audiovisual, deben sumar a sus dificultades la indiferencia o incluso el desprecio de algunas personas.

Nosotros, claro, siempre les apoyaremos. Y en las más de 50 horas que ocupan las actividades del Congreso de Úbeda siempre tendrán una hora dedicada a ellos (abiertamente insuficiente para nosotros, excesiva para los menos). Pero sobre todo, porque da buenos frutos y resultados: varios de estos jóvenes compositores se han dejado la voz en Úbeda, hablando con la gente que quería hablar con ellos, regalando cd's que no hubiesen podido regalar de no tener la ocasión de mostrar sus creaciones en la gala, o departiendo con los colegas ya profesionales.

Pero hay más, en cuanto a consecuencias: de momento, una destacada productora cinematográfica se ha interesado por todos ellos, a raíz del artículo publicado en el boletín de la Academia, y ha solicitado tenerlos en su base de datos para posibles futuras colaboraciones. Esto, de momento. Otras cosas están en proceso de germinación y las iremos anunciando a medida que se cristalicen.

Úbeda sirve, y mucho. En lo que respecta a los compositores noveles, el trabajo empezó semanas antes del Congreso y culminó en la gala. Aunque haya quienes quieran castrar las esperanzas de estos nuevos talentos, nosotros siempre les apoyaremos. Ojalá logremos algún año ser trampolín para quienes estan en fase de espera.